El error más común en los negocios artesanales no es hacer mal el producto. Es cobrarlo mal.
Muchas personas que arrancan con velas, repostería o bisutería terminan trabajando horas y ganando menos que el salario mínimo — no porque sus productos sean malos, sino porque calcularon el precio mirando solo el costo de los materiales.
El error clásico: “precio de materiales + algo”
Si una vela te costó $3 en cera y mecha, y la vendés a $8, ¿ganaste $5? No. Porque no contaste:
- Tu tiempo (el más importante y el más ignorado)
- El gas o electricidad usados
- El packaging (bolsa, caja, etiqueta, sticker)
- Los materiales de prueba que no salieron bien
- El tiempo de venta (responder mensajes, hacer fotos, publicar)
- Comisiones de la plataforma si vendés online
- Costo de envío si lo absorbés vos
Una fórmula simple para empezar
No existe una fórmula perfecta universal, pero esta es una base sólida:
Precio mínimo = (Materiales × 3) + Costo de tu tiempo
El multiplicador ×3 sobre los materiales cubre los costos ocultos (packaging, gas, merma) y deja margen. A eso le sumás el costo de tu tiempo al valor horario que considerás justo.
Ejemplo: vela que cuesta $3 en materiales → $3 × 3 = $9 + 30 minutos de trabajo a $10/hora = $5 → Precio mínimo: $14.
¿Podés cobrar más? Sí, si tu presentación es buena y tu diferenciación es clara. El precio mínimo es el piso, no el techo.
El precio psicológico: por qué $19.90 vende más que $18
Los precios que terminan en .90 o .99 tienen un efecto psicológico real y documentado. $19.90 se percibe más cerca de $19 que de $20, aunque la diferencia sea mínima. Para precios premium (arriba de $50), los números redondos funcionan mejor — transmiten confianza.
¿Qué pasa si mis precios “son muy caros”?
Dos posibilidades: o tu mercado objetivo no es el correcto (hay clientes dispuestos a pagar bien por artesanías — no todos son tu cliente), o tu presentación no justifica el precio todavía.
La solución nunca es bajar el precio hasta no ganar nada. La solución es mejorar la percepción de valor: mejores fotos, mejor packaging, mejor historia detrás del producto.